LA BASURA QUE COMEMOS

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LA BASURA QUE COMEMOS / COMIDA BASURA: LA PLAGA DE LOS ALIMENTOS PROCESADOS

sábado, 20 de febrero de 2010

Obesidad galopante: cooperativas escolares de todo el país están copadas por multinacionales de alimentos chatarra

Obesidad galopante  (Tomado de Milenio) las cooperativas escolares de todo el país ya están copadas por las multinacionales de los alimentos chatarra
José de la Luz Lozano
2010-02-19•Al Frente

Hace pocos días la Federación anunció una Estrategia Alimentaria para la Prevención de la Obesidad y el Sobrepeso, con acento en los niños, porque nos convertimos en menos de un lustro en el líder mundial de los gorditos, lo cual más que gracioso es de un gran costo económico, social y de salud pública.

Lo grave del problema es que la sociedad busca transferirle a las autoridades esta responsabilidad, cuando son los padres los que en cada hogar somos los que decidimos cómo alimentarlos, con qué lonche enviarlos a clases y cómo lograr los ejercicios físicos propios de su edad.

Los legisladores ya tienen una ley en estudio para impedir la proliferación de alimentos chatarra en las escuelas, cuando las cooperativas escolares de todo el país ya están copadas por las multinacionales de los alimentos chatarra.

El titular de Salud reconoció que en tres años se triplicó la presencia de la obesidad infantil y que esto aumentará la presencia de diabetes a temprana edad a un enorme costo para la salud pública y privada.

Desde la Secretaría de Educación se estima que de las 190 mil escuelas que hay en México, unas 143 mil no tienen instalaciones adecuadas para que los niños hagan los 30 minutos diarios reglamentarios de calistenia, por lo que tenemos otro cuello de botella.

Es claro que en la gran mayoría de los casos la obesidad temprana se presenta por el consumo excesivo de alimentos grasos y carbohidratos, aunado al sedentarismo que propician los juegos electrónicos y la falta de espacios públicos para ejercitarse.

Pero somos los padres, primero en el hogar y luego en las escuelas, los primeros obligados a cuidar de nuestra niñez. En este momento entre 35 y 42 por ciento de los menores de doce años padece el problema.

Las leyes, reglamentos y discursos de empresarios y políticos van a llenar numerosos espacios de la prensa escrita y electrónica, pero de nada sirve frente a la realidad de una población infantil que come frenéticamente porque no les otorgamos tiempo y atención.

Falta una cultura del almuerzo y comida fuertes con una cena ligera, les regateamos el consumo de aguas naturales que les cambiamos por gaseosas; escasean las frutas y verduras en las alacenas domésticas. Los pequeños son zombies de juegos electrónicos, la computadora y la televisión.

La revolución por la salud de las nuevas generaciones debe ser desde los hogares de todos los niveles sociales. No depositemos en la autoridad la responsabilidad primaria de alimentar y educar a nuestros hijos como debe ser.

Ya hemos visto los resultados en materia de seguridad, de educación de cohesión social o de confianza a inversionistas. No caigamos en el discurso de que será desde afuera de donde nos llegue la solución.

En las últimas tres décadas hemos depositado en la inversión extranjera, en el petróleo y en las remesas la salvación económica nacional, y tenemos un desempleo galopante y una más evidente narcoeconomía.

Los diputados dialogarán en las próximas semanas, los empresarios de los alimentos chatarra volverán a prometer sin cumplir, las escuelas seguirán con patios raquíticos, pero nuestros hijos no pueden depender de la apatía de esos actores.

Evitar las enfermedades de los infantes es responsabilidad de cada familia, y seguramente es más barato alimentarlos con productos naturales y sanos que con los vistosos y chatarrizantes que inundan estanquillos, cooperativas y supermercados.

jose.lozano@multimedios.com
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AHANAOA A. C.
Miguel Leopoldo Alvarado
Fundador y Presidente
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La epidemia de todos

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Se creía que las patologías crónicas eran "enfermedades de los ricos", pero ya no es así. Los países en desarrollo están padeciendo un aumento repentino de muertes y enfermedades debidas al cáncer, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y la diabetes.

La buena noticia es que casi todo esto puede evitarse.

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